Las casas rurales en Andorra están convencidas del buen funcionamiento del producto

Los propietarios de los establecimientos turísticos esperan con impaciencia la aprobación del nuevo reglamento que tiene que regular los alojamientos

Los propietarios de algunas de las casas rurales que hay en Andorra están muy satisfechos con la modificación de la Ley general de alojamientos turísticos que tiene que permitir la implantación de estos establecimientos al Principado.

Las previsiones son que el nuevo reglamento que regule el sector sea operativo durante el primer trimestre de este año, cosa que hace que los establecimientos vean algo más claro su futuro. Y es que a pesar de que hasta ahora no están tipificados como casas rurales, los responsables de los establecimientos de estas características, aseguran que el negocio de momento los funciona bien.

Un ejemplo es Hace falta Bou, una casa solariega de Fontaneda que abrió las puertas hace tres años como residencia de turismo rural. Su propietario, Albert Casal, voz con muy buenos ojos la modificación de la Ley de alojamientos turísticos. Según Casal, esta reforma es “necesaria” porque “el sector del turismo rural necesita una legislación que lo enmarque”, puesto que ahora por ejemplo este establecimiento de la parroquia laurediana está inscrito como alojamiento turístico. También la propietaria del Parador de Canòlich, Rosana Prieto, que hace ocho años que lucha para conseguir la clasificación, se expresó en el mismo sentido. “Estamos esperando con ansiedad el reglamento. Somos un hotel muy pequeño y no podemos continuar trabajando como un hotel de cuatro estrellas”, explicó, destacando que el 99% de los clientes que tienen “nos ven como una casa rural”.

Sin peligro para los hoteles

Con la entrada en vigor de la nueva normativa se facilitará la regulación y la clasificación de estos tipos de establecimientos y se marcarán una serie de bases para poder ser una casa rural. Ahora la carencia de un criterio claro puede dar pie, según el portavoz de la Unión Hotelera (UHA), Antoni Azurmendi, “a todo tipo de abusos que perjudiquen los buenos establecimientos y desvaloritzin el destino”. A pesar de que Azurmendi reconoce que es un mercado que está creciendo notablemente, pero no en el país, considera positivo que Andorra se empiece a introducir al sector y niega que pueda afectar de manera negativa la ocupación hotelera puesto que “el número de camas que se crearán en los establecimientos rurales no será nunca significativo ante la planta hotelera”.

Han sido muchos los propietarios agrícolas que han rehabilitado los antiguos edificios para utilizarlos como casas rurales. Y con la regulación hay una veintena de empresarios interesados. “La gente valora el producto y aprecia el trato directo con los clientes”, explicó Casal. 

Con todo también hay voces críticas. Paqui Pavón, propietaria de Hace falta Patxeta, a Ordino, abrió hace dos años pensante que la modificación llegaría pronto. Ahora, se plantea hacer reformas para adecuar la casa, pero “hay que ver el coste de las obras y si compensa o no”, señaló.

 

Fuente:

Diari d’Andorra