SOS, busco piso

La única receta para quien busca piso y no lo encuentra o se debe dejar más de medio sueldo es paciencia

Hace algunos años la vivienda entró en la agenda política. Había ministro del ramo, se hacían tablas sectoriales, se pusieron en marcha las ayudas a la vivienda de alquiler, aparecieron proyectos de vivienda social, se promovió una bolsa para intentar que los propietarios que tenían pisos vacíos s ‘animaran a ponerlos en el mercado garantizándoles una serie de condiciones para vencer las reticencias por la posibilidad de sufrir una mala experiencia -un inquilino que no paga, un inquilino que deja el piso en malas condiciones-, etc. Pero estalló la crisis y el mercado inmobiliario se volvió del revés, ya no era un problema la falta de oferta de pisos porque con el delirio del ladrillo se había construido de sobres y ya no se vendían y, además, no fueron pocos los residentes que fueron. En consecuencia también los precios se moderaron y mucha gente aprovechó la ocasión para trasladarse y buscar otros más céntricos, más nuevos o mayores.

Lo que se convirtió más que nunca prioritario era ayudar a la gente que el empeoramiento de la economía había hecho más vulnerable. De todo lo de la política de vivienda, pues, quedaron unas ayudas al pago del alquiler que fueron los precursores de los mayores esfuerzos destinados a política social por parte del Estado.

Ahora el mercado de alquiler vuelve a rozar la saturación. La incipiente recuperación económica ha hecho incrementar el número de asalariados y, por tanto, la demanda de inmuebles, y se han sumado otros factores como que muchos propietarios han visto en el concepto de alquiler turístico una oportunidad más interesante de explotación de su inmueble que no tener que firmar un contrato para cinco años con un ocupante u ocupantes fijos. Así que quien busca ahora donde vivir tiene un dolor de cabeza, especialmente si pretende instalarse en las parroquias centrales, las más demandadas. Y no sólo por la poca oferta sino porque la ley del mercado es la que es y menos oferta y más demanda es igual a precios más caros. Desgraciadamente más de un intenta o intentará la ocasión para sacar más rendimiento (y no justificado) de un inmueble que no ha reformado en años, por citar uno de los abusos más típicos. Contra esto, poco más se puede hacer que no dejarse engañar. La desesperación, pero -y necesitar un techo con urgencia lo es-, nos puede hacer caer en cada trampa …

Me solidarizo y deseo suerte a los que están ahora mismo en este proceso que a veces se vuelve odioso, por ejemplo cuando el problema se suma toparse con algún inmobiliario -y que quede claro, en ningún caso es la Generalitat- que debe tener tanta acumulación de trabajo y poderes extrasensoriales que sin haberte visto la cara decide que no tienes las condiciones para ocupar el piso que tiene en cartera y que tú le pides ver. Y lo digo porque hace más de dos años que espero que me devuelvan la llamada para poder ver uno en la avenida Meritxell que me interesaba aunque no tuviera armarios empotrados, una carencia que, sorprendentemente me hizo ver la misma agente inmobiliaria en el primer (y único) contacto telefónico que mantuvimos. Y yo que pensaba que el objetivo de un comercial era venderte su producto …

Pero con solidaridad y buenos deseos poco se ayuda al sufrido arrendatario en potencia. Me pregunto si ahora que el problema se vislumbra no sería el momento de replantearse si no es necesario rescatar parte de aquella política que la crisis enterró. Y no me refiero a proyectos que, lejos de ayudar, han acabado suponiendo una carga extra para la administración que los inició como los pisos sociales que el común de Encamp ideó el Pas de la Casa, sino de, por ejemplo, acciones para intentar que los propietarios que tienen pisos vacíos los pongan en el mercado del alquiler garantizándoles la protección contra los arrendatarios que practican lo que como que el piso no es mío puedo usar las puertas para practicar kick-boxing. O contra los que dejan de pagar. Acciones que también deben proteger el inquilino contra prácticas abusivas. Sí, probablemente es lo que pretendía una bolsa de vivienda que nunca llegó a funcionar. Pero y si pasó porque cuando se puso en marcha el problema ya no era problema y la oferta de inmuebles era suficiente como para absorber la demanda?

Hoy por hoy la única receta para quien busca casa y no encuentra o si encuentra se debe dejar más de medio salario para pagarla es paciencia y positivismo: no frustrarse si debe terminar viviendo en unos kilómetros de donde pretendía. Quién sabe si no empezarán a aflorar los coach para entrenar un buen buscador de casa …

 

Fuente:
Diario de Andorra